"se siente bien ser diferente",
leyó en la primera plana del diario,
mientras disfrutaba del desayuno rutinario:
una taza de café,
sin azúcar, medio frío.
ignoró la cita del periódico,
y prosiguió con su día, tan vacío.
vistió con un traje gris
como si fuera un robot,
sin hacer caso alguno de sus gustos.
y se fue al trabajo
en su coche idéntico al del vecino,
sin cambiar la ruta,
ni el destino.
al llegar a su escritorio,
hizo lo mismo que ayer,
y que todos los otros días
que habían venido pasando.
no notó que algo estuviera cambiando.
terminó sus labores
con la satisfacción
del que sabe que nada ha ganado,
porque nada se ha alterado.
fue hasta que llegó a su casa,
que sintió el cambio...
pasaron varios días
y nadie supo nada de él.
ya no compra el periódico,
pero cambió su café por un buffete.
se dejó largas las barbas
y rompió su traje gris.
ya no va a trabajar.
ahora vive feliz,
y cuando se topa con su reflejo,
le recuerda sonriente:
"se siente bien ser diferente"
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